¿Somos engañados por los espejos de las tiendas de moda?

Cuando nos probamos algo de ropa en una tienda pueden pasar dos cosas: que nos encante nuestra imagen o que nos horrorice.

¿Cómo podemos cambiar tanto del probador de una tienda a otro? Las luces, la forma de posicionar los espejos, el color de las paredes…

Puedo llegar a entender las tiendas en las que hayan espejos favorecedores, estos que dan una imagen más delgada y fina del cuerpo (esto se logra mediante la forma de colocarlos, la presión de los clavos que los mantienen fijos, el largo del espejo o su propio peso, pueden hacer que se doble y el reflejo se modifique) , cómo las luces hacen que nuestra cara parezca de porcelana y, aún teniendo ojeras, con esa luz ni se nos ven. Pero lo que no termino de entender son los probadores que nos hacen parecer más anchas, o que sus luces se alinean de una manera que sacan de forma exagerada todas nuestras marcas, estrías y celulitis, incluso las que no sabíamos que teníamos. En ambos casos, las tiendas no lo piden ni lo hacen a propósito, pero, en el segundo caso, deberían ser conscientes de que los espejos de sus probadores dan una imagen que no incita a la compra y colocarlos mejor.

Estoy totalmente de acuerdo con unas palabras que dijo Meg Ryan: «No entiendo por qué ponen luz fluorescente en los probadores. ¿Por qué querría una mujer comprarse algo si parece que una lluvia de meteoritos se ha estrellado en sus muslos?»

La luz, la temperatura, los espejos potenciadores de defectos o la estrechez del espacio son algunos de los factores que hacen incrementar nuestros complejos. Es el culpable de que no te compres unos jeans monísimos porque «te hacen gorda» o unos shorts como los que siempre usas porque la celulitis ha querido decir hola. Mágicamente tu trasero apretado, el cual te encanta, parece que se ha caído de repente y se llena de hoyitos. ¿De verdad las tiendas no se dan cuenta de que con esto pierden ventas, además de aumentar de manera desproporcionada los complejos de las personas?

Después de que algunas reporteras hayan hecho pruebas sobre si es verdad o no el hecho de que nos vemos distintas en un probador que en otro, fotografiándose en cada tienda y comparando con una foto en el espejo de casa antes de salir, con la misma ropa, había gente como Alba Carreres, una joven de Barcelona, que no se lo terminaba de creer, por lo que optó por hablar con expertos y salir a comprobarlo ella misma. Su opinión cambió por completo al comprobar que estaba pasando lo mismo que explicaban las otras reporteras, que en muchos espejos su cara y su cuerpo no eran los de siempre.

En fin, es frustrante el hecho de que al probarnos una prenda en cierta tienda no sepamos si de verdad nos queda a sí de bien, o así de mal, que no sepamos cuál es realmente nuestra figura en un espejo.

Pero si podemos sacar una conclusión a este tema sería: llévate lo que te guste, te lo pruebas en casa y si no te gusta, lo devuelves al día siguiente.

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